tus dulces ronquidos

duermes febril a mi lado tumbado en el sofá, y no dejo de mirarte y de preguntarme, cómo he sido tan afortunada de tenerte a mi lado. afortunada de poder estar contigo, aun siendo lunes, afortunada de estar escondida en nuestro refugio y no escuchar el ruido de la gente, de no perder mis pasos confundidos con los de los demás, sin ser consciente de a donde me llevan.

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hay silencio en el salón, solo tu respiración y las teclas de lo que escribo.

y también hay pensamientos, muchos. hay desorden en el orden que tengo en mi cabeza, y es este descontrol el que me impulsa.

dije que si a un encargo muy grande, más grande de lo que hubiera podido imaginar, y lo hice como un reto, con ilusión. y lo cierto es que, tengo días buenos, en los que todo va rodado, y tengo días en los que reina la niebla y al abrir la puerta del taller, un humo denso me envuelve y todo cuesta más.

es un reto hacer 850 piezas en 5 meses.

es un reto hacer una a una, cada una de estas piezas. amasar los 1500 gramos de cada plato, tornearlos, retornearlos, pulirlos, hornearlos, esmaltarlos y volver a hornearlos, en mis pequeños hornos. uno a uno.

es un reto, física y mentalmente. es un reto dar a cada una de estas piezas, su qué, cada una va a ser ella misma dentro de una gran família, en un hotel precioso, y cada una acogerá una comida distinta, unos cubiertos más dulces o más furtes, unas manos más delicadas, o unos ojos que quizás ni siquiera repararan en dónde está la comida que van a comer en unos segundos. otros sí… y me gusta pensar, que cada plato tiene su carácter, y hace la comida más rica, más agradable, más amable para con quien la vaya a tomar.

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es un reto hacer esto 850 veces. son demasiadas veces. desde julio este número da vueltas en mi cabeza.

es un reto agotador, pero cuando creo que no puedo más, pienso en el mayor reto que he hecho en refrencia al taller.

el día en que, partiendo de una ilusión, de un sueño despierto, di el primer paso para hacerlo realidad. sin saber nada, absolutamente nada, de qué iba a hacer, de cómo lo iba a hacer, de cómo iría.

lo único que se ahora, es que puedo hacer platos, sean 2 o 200, que a veces se rompen, que a veces se deforman y que a veces salen especialmente bonitos. que a veces la luz que entra en el taller da energía a mis manos y que la niebla que se instala, igual que viene se va, y que puedo por encima de todo, escuchar tus dulces ronquidos siempre que me necesites.

 

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